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[REVIEW] 3 lecciones que aprendimos de la temporada 4 de The Crown

En una reseña con spoilers les cuento cuales fueron mis impresiones sobre la nueva temporada.

A poco más de una semana del estreno de su cuarta temporada, la serie de televisión The Crown ya dio mucho de qué hablar. Fuentes cercanas a la familia real, los royal insiders, han declarado a diversos medios de comunicación británicos la creciente inconformidad respecto a cómo se retratan los hechos y diversos personajes, acusándola de “injusta”, “preocupante” y hasta “cruel”. 

Quizá esto no le preocupe mucho al tío Netflix ya que es una de las series originales más exitosas de la plataforma. Y si hasta el príncipe William ha visto algunos capítulos, nosotros nos fuimos como gorda en tobogán y te contamos nuestra opinión CON SPOILERS.

Acerca de los nuevos personajes: Lady Di y Margaret Thatcher

La razón por la que esperaba con ansia esta temporada 4 de The Crown es porque quería ver la época de Lady Diana Spencer, el personaje favorito –y quizá el único– de cualquier fanático de la realeza moderna. Interpretado por la actriz Emma Corrin, vemos a una joven, tal vez ingenua, Diana en sus primeros años al lado del Príncipe Carlos.

Mi admiración por Lady Di proviene de mi madre, quien es fan de hueso colorado de la Princesa de Gales y, de quien desde que tengo memoria, sólo he escuchado elogios, no sólo en casa sino en toda la información disponible que se ha generado de ella a través de documentales y textos biográficos. 

Independientemente de la actuación, que no me parece ni buena ni mala, y de la cuestionada veracidad de los hechos, creo que la serie de Netflix busca ser lo más imparcial posible mostrando diversas caras de cristal; una de ellas, donde Diana es una mujer con problemas de autoestima, huella de abandono, bulímica y un profundo deseo de ser amada y aceptada.

Pero el personaje que realmente me sorprendió fue Margaret Thatcher, magistralmente interpretado por Gillian Anderson, famosa por protagonizar Los Expedientes Secretos X; ¿verdad que ni se parece? Y menos después de haberla visto en la piel de una mujer madura extremadamente sensual en la serie Sex Education. La personificación de una figura pública tan emblemática sencillamente me cautivó, y sin duda le roba cámara a la gran Olivia Colman, quien interpreta a una Reina Isabel II en la madurez, llegando a los 60 años de edad.

Lady Di y el Príncipe Carlos: ¿quién es el villano?

Respecto a lo que vimos esta cuarta temporada, el único crimen de Diana fue ser extremadamente joven, y por ende, ingenua. Acababa de cumplir 20 años de edad cuando, en 1981, se casó con el Príncipe Carlos, de 32 años de edad, y creo que entró a ese matrimonio como cualquier otra joven de su edad, enamorada e ilusionada no sólo con el hecho de haber encontrado al hombre de sus sueños sino por convertirse en princesa. Todo un cuento de hadas, pero sin final feliz.

Si el retrato de Diana es el de una joven emocionalmente inestable, inmadura, berrinchuda e incluso boba, no olvidemos que es eso, una joven, quizá una niña en muchos aspectos, algo que, según narra esta Original de Netflix, es justo lo que la Corona buscaba para el heredero.

¿Esto significa que el Príncipe Carlos es el villano? No. Creo que ambos fueron víctimas de un sistema, y probablemente, de una familia que está dispuesta a todo antes que arriesgar su posición privilegiada como una de las últimas monarquías en el mundo. Es decir, qué esperan que suceda cuando obligas a alguien a abandonar a la persona que amas y forzarte a vivir el resto de tu vida con alguien que no es la persona que amas, por más encantadora que pueda ser, en el corazón no se manda y donde no hay amor, no lo habrá.

Creo que The Crown busca hacer el mejor retrato posible de un Príncipe de Gales atormentado por el deseo de estar con quien realmente ama, al mismo tiempo que debe enfrentar una realidad innegable: el tipo es un cero a la izquierda, cero carisma y personalidad, por lo que fue aplastantemente opacado por Diana.

3 lecciones que nos deja la cuarta temporada de The Crown

1. Ninguna familia es perfecta, cierto, pero hay unas peores que otras. 

¿Por qué los medios de comunicación se han llenado de declaraciones sobre lo cruel e injusta que es la serie? ¡Fácil! A nadie le gusta escuchar de qué pie cojea; y si además la pedrada viene en formato televisivo internacional y accesible para millones de personas, pues… ¿Realmente nos sorprende que a la Familia Real no le guste el espejo en el que se reflejan? Que la Reina es más fría que un iceberg y ni a sus hijos conocía bien –por no decir que jamás tuvo un gesto de afecto–, que Carlos es un niño mimado con delirio de grandeza, que la Princesa Margarita y la Princesa Ana parecían haber alcanzado niveles desconocidos de amargura y cinismo, o bien, que la Reina Madre es tan calculadora que encerró a parientes suyos en un manicomio. ¿Y la lección es? Piensen dos veces antes de decir que su familia es de lo peor.

2. Somos capaces de cualquier cosa por sentirnos amados.

No culpo ni a Diana ni a Carlos por sus terribles desplantes. Cada uno a su forma lo único que pedía a gritos es sentirse amado y valorado; si Diana gritaba y reclamaba e incluso comenzó a usar la atención de los medios y el público a su favor; si el Príncipe de Gales fue terriblemente grosero y humillante, si todo el tiempo sólo quería estar pegado al teléfono hablando con Camila Parker Bowles; ¿Quién los culpa? No es una historia de héroes y villanos, es un retrato de la vida y sus desventuras. Incluso la propia Camila reconoce en una escena que le gusta estar con Carlos porque su esposo no la trata como él, que no le profesa la devoción ni la atención que recibe del heredero a la Corona. Todos, absolutamente todos, queremos sentirnos amados y somos capaces de las peores bajezas para encontrar ese afecto.

3. No puedes tener todo en la vida.

Todo el mundo te lo dice, nadie puede tenerlo absolutamente todo. Y en esa lucha incansable por un ideal inexistente nos enfrascamos en una realidad que sufrimos: construimos nuestra propia jaula, con todo y cadenas. Si tanto amaba el Príncipe de Gales a Camila por qué no renunció a su derecho al trono y se casó con ella; si la Princesa Ana era tan infeliz en su matrimonio por qué no se divorció en lugar de ponerle el cuerno con quien pudiera; si la Princesa Margarita se sentía tan aburrida por qué no se buscó un trabajo de medio tiempo. La realidad es que ninguno de los anteriores estuvo dispuesto a sacrificar su status de realeza y, Dios no lo permita, tener que vivir como simples mortales. Aquí la única ganadora es la Reina Isabel II, quien parece haber aceptado su realidad.


The Crown de Netflix aún dará mucho de qué hablar; la quinta y sexta temporada están confirmadas y no podemos más que esperar un año para seguir adentrándonos en la vida de una de las familias más famosas del mundo.

Mi calificación:

Puntuación: 4 de 5.

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